Hay días que esta nublado, y mis ojos se ponen grises, el cuello de mi chaqueta se eleva y escurre una brisa helada por mis mejillas mientras camino. No se pueden cazar estrellas fugaces...y debes abrazarte a algo para dormir.
El tintero con una enorme boca espera que mi pluma se escabulla a beber en él. Y sin mucho pensar, autonoma e indolente, se rebela al frío y se lanza a correr despavorida, arrancando de los siete jinetes que se escuchan a lo lejos...que la acechan, que la buscan sin cesar en esta infatigable persecución...y las letras desordenadas en principio se ordenan lentamente hasta desfilar con cierta parsimonia...
Cogió un taxi no sin antes mirar el reloj presurosa, sabía que era tarde, que su sensibilidad había quedado perturbada solo por su pasión por la música y que bien había valido la pena invertir gran parte de su salario en aquel encuentro con la ópera".
Tenia frío...arremolinado entre las sombras,ni las velas ni el humo de un cigarrillo entibiaron mis manos...y me dormí...
Soñé que volaba cazando estrellas fugaces, salté de una a otra y de otra a una, buscando la más bella de ellas...
Me senté en una dorada y le susurré si era acaso las más bella estrella...que la quería para ponerla en el cielo de mi hijo, ni el eco se desperdigó...pero entró en mi bolsillo...lo iluminará y teñirá de sol su pelo...le dara el calor de los abrazos que no le puedo dar cuando no estoy ahí con él...
Engañé a la noche y la vestí de día...mientras corría, mientras volaba...con una capa oscura flameando al viento, con una copa roja reuniendo lluvia...y me senté en una estrella plateada, y le susurré si quería venir conmigo, que la cuidaría, que la mimaría...y que la pondría en el cielo del cuarto de mi hija...para que la mirará mientras yo no estuviera...y le recordará que en ella hay una luz especial...y se metió en mi bolsillo.
Salté a una estrella de agua...y mis pies se sumergieron en sus brazos tibios...mojé mis manos y lavé mi rostro...los ojos agradecieron sedientos el beber las lágrimas de la soledad...todo antes de despertar bajo el mas bello de los cielos...con dos estrellas en mis bolsillos...y una sonrisa en los labios...
Hace muchos años, en un lejano lugar llamado "Blackwood", había una vez una hermosa princesa prisionera en lo alto de una enorme torre de piedra.
En la puerta, un enorme candado aseguraba que la princesa no se escapara. Una angosta y húmeda escalera con forma de elipsedescendía hasta el exterior de la torre, y afuera, un profundo foso de cocodrilos daba toda la seguridad necesaria al puente levadizo.
Un día cualquiera, se oye en el bosque el galoparde un caballo mientras se abría paso entre arboles y arbustos hasta detenerse frente a la torre.
Se baja un caballero sumido en una brillante armadura, que desenvaina su espada y vence a los cocodrilos, entra al castillo, sube cuidadosamente la angosta y arremolinada escalera y de un golpe rompe el candado que aseguraba la puerta, rescantando a la princesa.
Ante tan valeroso acto, la hermosa y dulce princesa le pregunta:
"¿Honorable caballero, se casaría usted conmigo?"
A lo que el valiente caballero responde:
"No, muchas gracias"
Creo que el hombre puede dividir sus afectos entre distintos ámbitos. Creo que esta el amor de los padres a los hijos, creo esta el amor de los hijos a los padres, el que se tiene con la familia, con los amigos y el de pareja.
No dije nada, tú tampoco, no era necesario hacerlo. Sólo nos miramos, algo inentendible se balbuceó...y ambos seguimos caminando...yo medi vuelta a ver como te alejabas, tu no.
Tantas preguntas las he dejado ir con la última ventisca, tantas imagenes se elevaron hasta el cielo, tantos aromas y sabores...todos elipticos sobrevolaron arremolinados sobre mi cabeza en un baile de despedida. Partiste...partí....pero de manera diferente. Me hiciste bien, giro distinto.
Pienso, sueño, sonrío y regreso a mi mundo tan terrenal.
He bajado la cortina por tres o cuatro semanas.
El cierre del año ha sido demasiado intenso, pero siempre bien.
Hasta pronto!
Pablo
Hace mucho tiempo, mientras estaba sentado en la terraza de mi apartamento despues de un día enorme, perdí mi vista en el atardecer y deje caer al sol para abrir la noche. Me sumergí entre colores intensos del rojo al negro, mientras una copa de un dulce merlot besaba mis labios de cuando en cuando.
Junto con la noche, me di cuenta que una coqueta estrella fugaz recorría el horizonte, y no pude evitar susurrar a su paso lo hermosa que era. Ella no se detuvo, pero miró sorprendida. En el siguiente atardecer, esperé nuevamente por su paso, pero esta vez tenía un enorme ramo de lluvia para regalarle. Al pasar, se detuvo, beso mi mejilla, cogió el ramo y siguió su acelerado caminar.
En la siguiente noche, la espere donde mismo, con un hermoso ramo de fuego. Lo miró, sonrió y se sentó junto a mi en el balcón. Conversamos por un instante, pero pronto partió.
En el nuevo atardecer, llegué algo mas tarde a casa, y mientras recogía escarcha para hacer su ramo, me di cuenta que ya estaba aquí. Me besó y se durmió a mi lado. Al despertar, se había ido. Ese día se me hizo largo mientras espera que el sol cayera. Pero al llegar a casa, ella no pasó. Lo mismo las siguientes noches.
Esta tarde escribo esto sentado en mi balcón. Se que no pasarás, pero no tengo claro si fue bueno o malo verte aquella noche. Hoy, me haces falta y no estas. He susurrado muchas veces tu nombre y no lo escuchas. Te he contado tantas cosas que me han pasado, me he pérdido en tu perfume de plata y he buscado el reflejo de tus ojos, he bailado en el movimiento de tu pelo y he oído el golpeteo de tu corazón.
Tus pies se mueven veloces, tus manos sostienen el mundo mientras una colorida pollera se eleva hasta las nubes. No estas sola, te acompaña el ritmo y la cadencia, el calor de tu sangre. Tus ideas se revuelcan y giran sobre una pista pedregosa y sucia. Eso no importa, realmente solo importa la fuerza de tu credo, la magia de tus movimientos, los latidos de un corazón acelerado. Saltas de estación en estación, con una mente en blanco, seducida por decenas de miradas absortas. Te agitas, estremeces y doblas. Movida solo por esa sangre con ritmo que tienes. Dulce y cautivador ritmo, muéveme, estreméceme, abraza mis oídos, acompáñame tú esta noche.
